Tiempo…


Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

«Cumpleaños»

Ángel González

Los días han transcurrido vertiginosos desde ese intermezzo, esa noche de fuegos y champán y alegría, esa fractura imaginaria que trazamos, esa fisura desde la que posicionarnos para divisar de un lado el ayer, de otro el mañana. Una divisoria desde donde contemplamos el paso de un año a otro con vestidos de fiesta y rojo en la ropa interior y seis monedas bajo el felpudo y ron detrás de la puerta para los Orishas. Amuletos que ahuyenten la zozobra, el miedo, la inseguridad, cualquier cosa capaz de alejarnos de lo que no fue y pudo haber sido, para que de una vez por todas sea. No sabemos cuánto de lo malo se aferrará a nuestra sombra y saltará con nosotros y nos acompañará en esta nueva andadura que avanza ya tan rauda como lo hicieron las anteriores. La incertidumbre cubre nuestros hombros como una estola pesada y nos hace percibir la inestabilidad del tiempo, el esfuerzo de cada nueva andadura.

«¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!».